¡Encantada de poder saludarte! Mi nombre es Coral y aunque suene a mar, nunca he tenido muy claro si soy más de playa o de montaña, así que decidí quedarme con lo mejor de cada uno :).
Vivo al lado del campo, y eso me ha enseñado a adaptarme a los cambios de ritmo: a veces el terreno está seco y fácil de andar, otras se embarra y hay que avanzar más despacio. Mi perra, Chloe, suele llevar la delantera. Mientras ella explora cada rincón, yo observo que la vida —y la terapia— tienen bastante de eso: de caminar, mirar alrededor y decidir hacia qué camino dirigir nuestro esfuerzo para seguir avanzando (¡qué fácil es decirlo!).
Creo que caminar con alguien no es ir por delante ni señalarle el destino. Para mí se parece más a asomarme al mundo de la otra persona y mirar desde ahí, para comprender qué lo mueve, hacia dónde, con quién contamos a cada lado, y qué puede haber delante que haga difícil avanzar.
Me he preguntado muchas veces qué sería si no fuese psicoterapeuta. Estaría detrás de unos fogones ¡¡sin ninguna duda!! Pensar en qué ingredientes tengo, jugar con las texturas, acercarme al mercado, pensar en qué sabores me apetecen ese día, ponerle cariño sin que tenga que salir perfecto. Para mí, es una manera de conectar con lo simple o de hacerlo todo lo complejo que se me ocurra, con lo bonito del proceso, con la improvisación o con lo metódico si así lo decido. Poder compartirlo es la guinda. Con los demás o conmigo. O con Chloe, que siempre está atenta por si se me cae algo al suelo ;).
Creo que este enfoque es algo que también ocurre en consulta: la presencia, el cuidado de los detalles importantes para la persona, el entender el proceso y cómo se “cocinan” los “ingredientes”, qué guiso quiere saborear cada uno o qué tarrito de especias olvidado puede darle ese toque único a cada plato.
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